domingo, 10 de octubre de 2021
viernes, 8 de octubre de 2021
LA CRUZ DE LA JMJ
VISITA NUESTRO CONVENTO DE CLARISAS DE VILLARROBLEDO.
Un día inolvidable para esta comunidad.
A las 7:30 de la mañana ha llegado a Villarrobledo el furgón de Portugal que porta los emblemas de las Jornadas mundiales de la Juventud, y que han peregrinado por todo el mundo.
La organización de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Lisboa 2023, ha querido que la Cruz itinerante, símbolo que acompaña a los jóvenes en la preparación de estas Jornadas, pudiera pasar por las diócesis españolas en los meses de septiembre y octubre de 2021.
En la diócesis de Albacete tan solo ha estado 24 horas.
Llegó ayer, jueves 7 de octubre. Fueron a recoger el furgón, a Valencia, el Delegado de la Juventud, D. José Joaquín Tárraga, y un grupo de jóvenes voluntarios.
La primera parada fue en Almansa.
Del 7 al 8 de octubre, debía recorrer las localidades
de Almansa, Montealegre Castillo, Albacete, Hellín y Villarrobledo.
Al llegar hoy a Villarrobledo, junto a la iglesia parroquial de San Blas, ha sido recibida por los sacerdotes de Villarrobledo y un nutrido grupo de jóvenes, y personas de todas las edades.
Todavía no había amanecido.
A las 7:40 cruzaban el umbral de la puerta de nuestra iglesia
la Cruz y el icono de María Salus Populi Romani, mientras las monjas
cantábamos un Himno a Jesucristo Salvador y Redentor.
Era tan emocionante que a penas podíamos cantar.
Una vez colocados en el presbiterio por los jóvenes ha dado
inicio una paraliturgia presidida por el párroco de Santa María: D. Pedro José
González Rodenas.
Después de la lectura del Evangelio de san Juan 19, 25-27, don Pedro ha dirigido unas palabras a los jóvenes invitándolos a salir de sí mismos y pensar en el amor que Dios nos tiene.
También ha animado a todos a
plantearse seriamente cual puede ser la voluntad de Dios para cada uno.
A no tener miedo de entregar la vida a Dios.
Como ejemplo ha invitado a reflexionar sobre la vida de las
monjas clarisas que les acompañábamos desde la clausura.
Después de la homilía, los jóvenes han hecho unas peticiones,
y seguidamente se ha procedido a la adoración de la Cruz.
Todos los presentes han pasado de uno en uno con silencio y
emoción a venerar la Cruz.
Finalizado el acto, don Pedro ha invitado a la comunidad a
salir a la iglesia para poder acercarse a la Cruz y venerarla.
Ha sido muy emocionante para todas las hermanas poder tocar
esta reliquia regalada por san Juan Pablo II a los jóvenes y que ha recorrido
ya el mundo entero.
Un grupo de personas despidiendo la Cruz
A las 8: 30 una delegación de Toledo ha venido a llevarse el
furgón que porta tan preciadas reliquias.
LA CRUZ DE LOS JÓVENES
Es conocida como:
la "Cruz del Año Santo",
la "Cruz del Jubileo",
la "Cruz de la JMJ",
la "Cruz peregrina".
¿CUÁNDO SE HIZO ESTA CRUZ?
1950 años de la Pasión
de Cristo.
El Papa Juan Pablo II decidió que tenía que haber una cruz, como
símbolo de la fe.
Al final del Año Santo, después de cerrar la Puerta Santa, el
Papa entregó esa misma cruz a la juventud del mundo, representada por los
jóvenes del Centro Internacional Juvenil San Lorenzo en Roma.
Éstas fueron sus palabras en aquella ocasión:
"Queridos jóvenes, al clausurar el Año Santo os confío
el signo de este Año Jubilar: ¡la Cruz de Cristo!
Llevadla por el mundo como signo del amor del Señor Jesús a
la humanidad y anunciad a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado hay
salvación y redención"
(Roma, 22 de abril de 1984).
¿DESDE QUÉ AÑO ACOMPAÑA
A LA CRUZ EL ICONO DE LA VIRGEN?
En 2003, al final de la Misa de Ramos, Juan Pablo II quiso regalar
a los jóvenes una copia del icono de María Salus Populi Romani:
"A la delegación que ha venido de Alemania le entrego
hoy también el icono de María.
De ahora en adelante, junto con la Cruz, este icono
acompañará las Jornadas Mundiales de la Juventud. Será signo de la presencia
materna de María junto a los jóvenes, llamados, como el apóstol san Juan, a
acogerla en su vida."
(Ángelus, XVIII Jornada Mundial de la Juventud, 13 de abril de 2003).
La versión original del icono es custodiada en la Basílica de Santa María la Mayor en Roma.
VILLARROBLEDO
8 DE OCTUBRE DE 2021
domingo, 3 de octubre de 2021
SAN FRANCISCO DE ASÍS
Voló a la casa del Padre al atardecer del día 3 de octubre de 1226
Tenía 44 años
El 4 de octubre
celebramos con gozo su fiesta, que para las
tres órdenes franciscanas tiene categoría de Solemnidad.
Ha dejado profunda huella en la historia de la Iglesia y de
la humanidad a lo largo de todo el segundo milenio.
En san Francisco se han inspirado literatos, artistas,
pintores, escultores, cineastas, historiadores, políticos y hasta
revolucionarios.
Cuando nació en Asís en 1182 fue bautizado con el nombre de Juan.
Su padre, que era un rico comerciante de telas que viajaba con frecuencia a la Provenza francesa,
comenzó a llamarle “Franchesco” que
significa “francesito” y con ese nombre se quedó.
¿Qué pasó en el alma del que fue
llamado rey de la juventud?
Su conversión fue un
proceso:
Cuatro fueron las experiencias que marcaron su vida:
1. El
encuentro consigo mismo en la cárcel, en la enfermedad.
2. El
encuentro con los pobres y leprosos, con quienes se identificaba y servía.
3. El
encuentro con el Crucificado, a quien escucha y obedece.
4. El
encuentro con la voluntad de Dios en el Evangelio.
Francisco pasó una juventud olvidado de Dios, metido de lleno
en el negocio de su padre, ambicioso de glorias y grandezas. Su temperamento
era alegre, abierto, emprendedor, generoso, digno de ser admirado.
A pesar de tenerlo todo, la vida no le sonrió.
A los 21 años
Francisco fue a la cárcel como prisionero, fruto de una batalla perdida entre
Asís y Perusa. Estuvo durante meses cautivo en una mazmorra.
Una vez salido de la cárcel se le declara una enfermedad
larga de curar en los pulmones.
Una vez curado, se vuelve a alistar en el ejército de un
conde, soñando en volver como caballero, lleno de honores y glorias.
Ya de partida, en la primera noche, tiene un sueño que le
afecta profundamente, en el cual escucha que se le dice:
«Francisco, ¿quién te va a pagar mejor, el amo o el siervo? Pues el amo.
Y entonces ¿a quién vas a servir?
Vuelve a Asís y ahí se te dirá lo que has de hacer».
Conmovido por este sueño y fruto de sus largos momentos de
silencio en la cárcel, Francisco decide abandonar no solo el ejército,
sino la empresa de su padre y sus sueños de grandeza y gloria.
Cambió el rumbo de su vida.
Tenía la certeza interior de aquella
voz le diría qué hacer.
Esta situación le lleva a orar, para pedir a Dios su
intervención.
Francisco va cambiando poco a poco, ya no es el mismo.
Le gusta desaparecer y retirarse en oración, pidiendo luz a Dios:
«Oh alto y glorioso Dios, ilumina las
tinieblas de mi corazón, dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta;
sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y veraz mandamiento».
Muy generoso con los pobres, se hizo la promesa de no negar
nunca la limosna a un pobre que se la pidiera por amor de Dios. Pero no soportaba
la presencia de los leprosos.
El mismo santo narra:
«Cuando yo andaba en pecado, yo no podía ver un leproso, pero el Señor me llevó donde ellos y practiqué la misericordia.
Entonces, lo que
para mí era amargo, se convirtió en dulzura del alma y del cuerpo».
Desde su abrazo con el leproso, acabó haciéndose amigo de ellos, visitándolos y curando sus heridas.
Ve en ellos a Cristo.
Se da cuenta de que el señorío de Cristo es distinto del
señorío feudal mundano.
Un día, pasando cerca de Asís, entró en la capilla de San Damián, y arrodillado ante la imagen de Cristo, suplicó:
«Señor, ¿qué quieres que haga?»
A lo que Él contestó:
«Francisco, repara mi Iglesia, que como ves, amenaza ruina»
Francisco pensaba que se refería a la iglesia material y se
dedicó a reconstruir iglesias.
Pronto otros jóvenes de la nobleza de Asís se le unieron en
esta tarea de “albañiles”.
Cuando ya era un grupo oyó en la iglesia que se explicaba el
pasaje el capítulo 10 del Evangelio de san Mateo:
"Id y proclamad que el Reino de los cielos está cerca;
curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que
habéis recibido gratis, dadlo gratis.
No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco
alforja para el camino, ni otra túnica, ni sandalias, ni bastón”
Lleno de alegría exclamó:
“Esto es lo que yo quiero; esto es lo que yo busco; esto es
lo que con todo mi corazón anhelo vivir”.
Redactó una Regla con citas del Evangelio para su fraternidad
y fue a Roma para que el papa Inocencio III se la aprobara.
Así nació la Primera Orden franciscana, la de los Frailes Menores, OFM.
Después, una noble de Asís, Clara, quiso seguir su estilo de vida.
El 18 de marzo de 1212 le prometió obediencia en la iglesia de Santa María de los Ángeles.
Y nació la Segunda Orden Franciscana: las clarisas, OSC.
Cuando los seglares se acercaban a Francisco y le decían que
querían vivir como él, nació la tercera Orden franciscana, OFS.
Dos años antes de su muerte fue marcado en el Monte Alvernia
con las señales de la Pasión de Cristo.
Según narraron los testigos oculares, eran verdaderos clavos los que atravesaban sus manos y sus pies,
haciendo de él otro Cristo.
Fue el primer estigmatizado de la historia de la Iglesia,
pero eran unos estigmas únicos que no se han repetido en ningún santo.
Por ese motivo, el emblema de la Orden Franciscana es el
abrazo con el Crucificado.
Nuestra comunidad, la Orden Franciscana Seglar y los habitantes
de Villarrobledo, nos hemos preparado para su fiesta con un solemne Triduo.



















































