martes, 3 de febrero de 2026

MADRE Mª LUISA SE DURMIÓ EN EL SEÑOR

 CARTA DE DESPEDIDA

Muy querida madre Mª Luisa:

Tu nombre de pila era Araceli, que significa “Altar del Cielo”, y eso fue tu vida, un verdadero altar del cielo, especialmente en los últimos años de inmovilidad sin poder hablar.

¡Cuántas veces en tu lecho de enferma has oído que te decíamos!

Eres nuestro tesoro, nuestro pilar, nuestro referente, ¡NO NOS DEJES!

Cuando te ponías muy malita, parecía que te ibas, pero luego lo superabas y seguías entre nosotras, para gran consuelo nuestro.

Pero ha llegado el día en que el Divino Labrador encontró maduro el grano de trigo de tu ser y lo segó para llevarlo consigo, y almacenarlo en su granero del cielo.

Hoy, día de la Presentación del Niño Jesús en el  Templo, en el que toda la Iglesia sale al encuentro de Cristo con un cirio encendido, significando el resplandor de Aquél que viene a nosotros, sale tu alma revestida de resplandor, acompañada de tus buenas obras, al encuentro de tu Señor, al que te has entregado como Esposa.

Hoy, con la madre santa Clara, decimos a tu alma bendita:

Ve segura, porque llevas buena escolta para el viaje. Ve, porque Aquel que te creó, te santificó. Y, guardándote siempre como la madre al hijo, te ha amado con amor tierno”

Hoy puedes decir con el anciano Simeón: 

“MIS OJOS ESTÁN VIENDO A MI SALVADOR, LUZ DE LAS NACIONES”.

A nivel personal quiero agradecerte los consejos que me diste hace cuarenta años, cuando hice la experiencia en este convento:

“No puedes salir igual que has entrado, debes hacer un propósito de vida cristiana” Por entonces yo tenía 15 años y empecé a ir a misa todos los días y rezar el Rosario a la Virgen.

Gracias por recomendarme hacer una semana de Ejercicios Espirituales en la Casa Cristo Rey de Pozuelo de Alarcón. Allí descubrí mi vocación. El Señor se sirvió de ti y de mi tía Adelina, de venerable memoria, para traerme a esta santa casa, en la que he tenido la suerte de convivir contigo durante 35 años.

Ahora quiero darte las gracias en nombre de todas las hermanas, empezando por la madre Marta Lidia, que con tanto cariño te ha cuidado en estos largos años de enfermedad.

Gracias de parte del ramillete de jóvenes que forma esta comunidad y de quienes has recibido muchas atenciones y cariño.

Gracias de parte de todos los monasterios de la Federación de Cartagena-Murcia a la que serviste como Presidenta durante 12 años

Gracias de parte de toda tu familia por tus oraciones constantes, pidiendo al Señor por todos y cada uno de ellos.

Gracias de parte de los habitantes de Villarrobledo que se han beneficiado de tu presencia, consejos y ejemplo. Gracias de parte de toda la Iglesia por tu entrega.

Nosotras ahora recogemos tu testigo para seguir adelante con fidelidad sirviendo al Señor en este monasterio que custodia el prodigio de la Santísima Virgen de la Teja, nuestra Madre y Reina.

Madre Mª Luisa, muchas veces te hemos dicho: “NO NOS DEJES”, cuando aún estabas con nosotras; sabemos que ahora, desde el cielo, nunca nos vas a dejar.

Por todo lo que nos has dado ¡GRACIAS! ¡INFINITAS GRACIAS, MADRE Mª LUISA!

Sor Yolanda de los Ángeles, 

hermana clarisa de Villarrobledo


“Al despertar, me saciaré de tu semblante” 

(Salmo 16, 15)

Creo que Cristo vive

y que al final podré resucitar

Llevo esta esperanza,

junto al Señor podré resucitar.

 

Veré al señor, mis propios ojos lo verán

Contemplaré la nueva patria celestial

 

En paz, en paz descansarás,

En paz, en paz descansarás.

 

Nuestro adiós, recibe nuestro adiós

 

En paz, en paz descansarás

En paz, en paz descansarás.


CARTA DE LA FAMILIA

Queridas hermanas Clarisas:

Con el corazón lleno de gratitud y emoción nos dirigimos a vosotras en este momento de dolor sereno y esperanzado. Gracias, de todo corazón, por el amor, el cuidado y la ternura con los que habéis acompañado a nuestra querida tía durante todo este tiempo, y muy especialmente en sus últimos días. Sabemos que ha estado rodeada de mimo, de oración y de una presencia fraterna que ha sido para ella un verdadero regalo.

Nuestra tía fue una mujer profundamente buena, entregada y humilde.

Nos consuela saber que partió acompañada por vosotras, sus hermanas, envuelta en ese clima de paz, fe y cariño que tan generosamente le ofrecisteis.

Pedimos al Señor que os recompense todo lo que habéis hecho por ella, y que la certeza de la Vida eterna os sostenga y os llene de consuelo. Nosotros la encomendamos a Dios con la seguridad de que ya descansa en Sus brazos y que desde el cielo seguirá intercediendo por todas vosotras.

 

SU SOBRINO PACO TOMÁS, 

SACERDOTE, ESCRIBE:

Te pido una oración especial por mi tía, de 90 años, monja clarisa (a punto de haber cumplido sus 69 años de vida religiosa dentro de 4 semanas), hermana mayor de mi madre.

La madre Mª Luisa con su sobrino

Paco Tomás, sacerdote

Araceli, (=altar del cielo), nombre de pila; sor María Luisa de la Cruz, de religión. Ha partido al encuentro definitivo con el Esposo del alma esta tarde a las 19:15. Aquí en la parroquia me dio tiempo a pasarle un papelito al compañero que celebraba Misa para que ya la ofreciera por ella. Yo le había administrado la Unción de enfermos el lunes pasado.

Ella fue un puntal en mis inicios vocacionales y un continuo sostén, (junto con toda su comunidad), para mi ministerio y el de tantos sacerdotes.

Elegida muchas veces Madre Abadesa, (lo fue 24 años), de su monasterio: cada elección, ese día se pedía siempre limpiar todos los servicios del convento. Elegida también varias veces como Madre Presidenta (12 años en el cargo) de la Federación, es decir, los 17 conventos de clarisas del sur-este de España. Siempre con un palabra de ánimo y sabiduría para todos. “Era una verdadera monja, porque antes es una mujer auténtica”, decían de ella.

Una enamorada del Señor, como S. Francisco y Sta. Clara, sus santos fundadores a quienes amaba con toda su alma e imitaba, y con los que tuvo relación más vital todavía desde que vivía también el Ideal del Unidad, (de Chiara Lubich), perfectamente integrado con su vocación contemplativa-clarisa de clausura y la ayudaba a servir y amar más a su comunidad: se respetaban y querían con locura. 

La misma Chiara le dio una Palabra para encarnar a lo largo de toda su vida: “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24).

Sin dar un ruido, estos últimos años ofreciendo todo por la Iglesia, como el Maestro ha completado perfectamente su Palabra de Vida y ahora tendrá su pleno florecimiento después de estos últimos años de enfermedad paciente y admirablemente vivida, cuidada por todas las hermanas clarisas de su comunidad.

Su entierro será en su amado convento de Villarrobledo a las 12:00 este próximo lunes, día 2, fiesta precisamente de la Presentación en el templo, fiesta de la Candelaria (Cristo, Luz de las naciones), y, por todo ello, Jornada de la Vida Consagrada.

Aquí puedes leer su testimonio vocacional contado en 2015:

https://clarisas-villarrobledo.blogspot.com/2015/03/yo-monja-ni-hablar.html

Continuando con la partida hacia la casa del Padre de mi tía, hoy por la mañana pedí a las monjas que le pusieran el teléfono al oído, (aunque ya desde hace meses, apenas dice nada), para hablarle del cielo, (como así también hice el lunes cuando le di la Unción).

Me acordaba de la visita que José Varas, otro santito, hizo a su hermano Pedro en Toledo que estaba muy enfermo y cuando se despedían y salía de su habitación, (fue la última vez que se vieron), Pedro le dijo: “¿y te vas a ir sin hablarme del cielo?”. Y José, entre abrumado y emocionado, volvió sobre sus pasos y lo primero que le inspiró el Espíritu Santo fue un texto del Apocalipsis: “sus siervos le darán culto. Y verán su rostro, y su nombre está sobre sus frentes. Y ya no habrá más noche, y no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz de sol, porque el Señor Dios los iluminará y reinarán por los siglos de los siglos”.

Eso le dije yo también a mi tía susurrándole a través del teléfono y, además, lo que mi madre repite a menudo: “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni mente alguna puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman”, (S. Pablo) y añadía ella: “¡qué será el Cielo!, ¡¡qué será el Cielo!!”. A la vez le recordaba que la queremos mucho y le iba mencionando cada uno de la familia. Y que sabemos que ella nos quiere muchísimo a todos y cada uno y valoramos lo mucho que ha orado y se ha sacrificado por nosotros y por toda la Iglesia y toda la humanidad.

En el momento de fallecer, también me llamaron las monjas mientras le recitaban la recomendación del alma, y luego le pusieron el teléfono al oído, (¡es lo último que se pierde!) y le recordé que Dios la ama con locura y estaba esperándola con los brazos abiertos, con toda su Luz y su Paz y que le dijera que sí a todo. Le volví a recordar esos y otros textos bíblicos. Que se vaya tranquila hacia el abrazo del Señor, que ha cumplido con creces su misión y su vocación. Y que la Virgen María estaba saliendo a su encuentro para llevarla de la mano protegida bajo su manto ante el Señor.  


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