sábado, 17 de enero de 2026

INICIAMOS EL 8º CENTENARIO

 DEL TRÁNSITO DE NUESTRO PADRE SAN FRANCISCO

El 10 de enero del presente año 2026 se inició oficialmente el Año Santo Jubilar de los 800 años del tránsito de san Francisco de Asís a la Casa del Padre.

Esta tarde del sábado 17 de enero, lo hacemos en Villarrobledo en la iglesia de nuestro monasterio.

Ha sido una celebración solemne muy bonita. La Eucaristía la ha presidido el padre José Torre, OFM y ha comenzado a las seis y media.

Compartimos algunas fotografías y textos de la liturgia de hoy, cuyos textos son los del Domingo II del Ciclo A.

MONICIÓN DE ENTRADA 

Esta tarde nos hemos reunido en esta Iglesia de San Juan de la Penitencia de Villarrobledo las tres órdenes de san Francisco para la celebración de la Eucaristía, en este templo que cuenta con la presencia especial de la Virgen María en el barro de una Teja.

San Francisco entregó su alma a Dios la tarde del 3 de octubre de 1226, es por ello que el Papa León XIV ha dispuesto que, desde el 10 de enero de 2026 hasta el 10 de enero de 2027, se celebre un Año Jubilar Franciscano, durante el cual todos los fieles cristianos estamos invitados a seguir el ejemplo del Santo de Asís, modelo de santidad y testigo de paz. La Penitenciaría Apostólica concede la indulgencia plenaria bajo las condiciones habituales a quienes visiten una iglesia franciscana.

En esta víspera del día del Señor, segundo domingo del tiempo ordinario yçç de la Infancia Misionera, miramos a san Francisco como un ejemplo luminoso de pobreza y humildad, fiel seguidor de Jesucristo.

Pedimos a Dios el poder vivir durante este Año Jubilar con espíritu de conversión y renovación espiritual, practicando la misericordia y la reconciliación según el espíritu de nuestro Padre san Francisco, para gloria de Dios y bien de toda la Iglesia.

HOMILÍA

El padre ha explicado las lecturas que hoy nos ofrece la liturgia. Algunas ideas de la misma:

Al Siervo de Yavhé de Isaías se le va a llamar “Luz de las naciones”. El cristiano en su bautismo recibe una vela para ser también luz con su buen ejemplo.

San Pablo, en la lectura de hoy, reconoce que no es nada sin Cristo.

El Evangelio de este domingo es como una prolongación del domingo anterior en que contemplábamos el Bautismo de Jesucristo. Hoy Juan señala a Cristo como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El sacrificio del cordero cada año en la fiesta de Pascua, recordaba al pueblo judío su liberación de la esclavitud de Egipto.

Juan es capaz de reconocer a Jesús por encima de su apariencia, dando testimonio de Él.

¿Nosotros somos capaces de señalar a Cristo en este mundo? Pidamos a Dios el poder proclamar con nuestra vida a Jesucristo.

PRECES

1.Por la Iglesia: Que el Señor nos conceda la gracia de ser signo de paz y reconciliación en el mundo, y que sus miembros vivamos en armonía y unidad. Roguemos al Señor.

2.Por los gobernantes: Que el Señor los ilumine para que terminen con los conflictos y las guerras, y trabajen por la justicia, la paz y el bien común. Roguemos al Señor.

3.Por las víctimas de la violencia: Que el Señor consuele a los que sufren por la violencia, la guerra y la injusticia y les conceda la fuerza para superar el dolor y la esperanza de un futuro mejor. Roguemos al Señor.

4.Por las familias: para que vivan su vocación de amor desde el Evangelio de Jesucristo y sepan conducir a sus hijos a la realización de la voluntad de Dios. Roguemos al Señor.

5.Por los jóvenes: que sientan a Dios como compañero de vida, lo escuchen a través de la Palabra de Dios y de los múltiples hombres y mujeres de nuestro tiempo, y respondan con generosidad a lo que el Señor les pide. Roguemos al Señor.

6. Por las tres órdenes franciscanas reunidas hoy en el inicio del Año Jubilar: para que vivamos nuestra vocación de seguir a Jesucristo en humildad, pobreza, sencillez y alegría. Roguemos al Señor.

7. Por todas las personas que se encomiendan a la oración de esta comunidad de clarisas y cuantos se encomiendan a la Virgen de la Teja. Roguemos al Señor.

8. Por quienes nos hemos reunido en esta asamblea: para que nos ayudemos a vivir la vocación recibida de Dios. Roguemos al Señor.

OFRENDAS

ESCRITOS DE SAN FRANCISCO: Presentamos los escritos de San Francisco. En ellos se contienen los Testamentos en los que dejó expresado la síntesis de su experiencia de fe.

DULCES: Los dulces nos hablan del gusto bueno de la vida, de los dones que recibimos. Francisco los pidió para su último momento en este mundo. Que nosotros podamos buscar el lado gratuito y bello de la vida.

TIERRA: Francisco quiso ser colocado sobre la tierra, la hermana madre Tierra. De ella salió y a ella volvía. Que nosotros sepamos apreciar la tierra y cuidarla como un don del Creador

FLORES: Estas flores, cortadas de su raíz, han entregado su vida en honor del Creador, para ser presentadas ante su altar, como agradecimiento a todos los dones que recibimos cada día de Él.

PAN Y VINO: El pan y el vino nos permiten recapitular los bienes con los que Dios bendice a toda la humanidad para su sustento. Para nosotros serán alimento de vida eterna, verdadero, pleno y definitivo.

               Durante la consagración


               ACCIÓN DE GRACIAS

Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, Padre de las misericordias: aunque no somos dignos de hacer de ti mención, nos has dado a tu Hijo y al Espíritu que iluminan nuestras vidas. No hay regalo más grande por el que poderte agradecer tanto bien como haces en nosotros.

Gracias por San Francisco de Asís, por haberte revelado a él, por haberle hablado al corazón y por su respuesta tan impactante a todo lo recibido de ti, que le ha convertido en uno de los grandes referentes espirituales y humanos de la historia.

Gracias por haberle conducido entre leprosos, por haberle dado una fe tan grande en las iglesias y en los sacerdotes, por haberle dado hermanos, por haberle revelado que debía vivir según el Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, por haberle revelado el saludo: “el Señor te dé la paz”.

Gracias Padre, por la vocación que cada uno de nosotros hemos recibido de ti. Qué regalo más grande es ser llamados a vivir junto a tu Hijo anhelando tener siempre el Espíritu del Señor y su santa operación.

Gracias, Señor, por hacernos hijos tuyos, por haberte recibido en la Comunión y por cada uno de los sacramentos de la santa Madre Iglesia.

Para terminar, hemos cantado el himno de los terciarios franciscanos.

 TODO EN ALBANZA DE CRISTO Y DE SU SIEVO FRANCISCO

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