CARTA DE DESPEDIDA
Muy querida madre Mª Luisa:
Tu nombre de pila era
Araceli, que significa “Altar del Cielo”, y eso fue tu vida, un verdadero altar
del cielo, especialmente en los últimos años de inmovilidad sin poder hablar.
¡Cuántas veces en tu
lecho de enferma has oído que te decíamos!
Eres nuestro tesoro,
nuestro pilar, nuestro referente, ¡NO NOS DEJES!
Cuando te ponías muy
malita, parecía que te ibas, pero luego lo superabas y seguías entre nosotras,
para gran consuelo nuestro.
Pero ha llegado el día en
que el Divino Labrador encontró maduro el grano de trigo de tu ser y lo segó
para llevarlo consigo, y almacenarlo en su granero del cielo.
Hoy, día de la Presentación del Niño Jesús en el Templo, en el que toda la Iglesia sale al encuentro de Cristo con un cirio encendido, significando el resplandor de Aquél que viene a nosotros, sale tu alma revestida de resplandor, acompañada de tus buenas obras, al encuentro de tu Señor, al que te has entregado como Esposa.
Hoy, con la madre santa
Clara, decimos a tu alma bendita:
“Ve segura, porque llevas
buena escolta para el viaje. Ve, porque Aquel que te creó, te santificó. Y,
guardándote siempre como la madre al hijo, te ha amado con amor tierno”
Hoy puedes decir con el anciano Simeón:
“MIS OJOS ESTÁN VIENDO A MI SALVADOR, LUZ DE LAS NACIONES”.
A nivel personal quiero
agradecerte los consejos que me diste hace cuarenta años, cuando hice la
experiencia en este convento:
“No puedes salir igual
que has entrado, debes hacer un propósito de vida cristiana” Por entonces yo
tenía 15 años y empecé a ir a misa todos los días y rezar el Rosario a la
Virgen.
Gracias por recomendarme
hacer una semana de Ejercicios Espirituales en la Casa Cristo Rey de Pozuelo de
Alarcón. Allí descubrí mi vocación. El Señor se sirvió de ti y de mi tía
Adelina, de venerable memoria, para traerme a esta santa casa, en la que he tenido
la suerte de convivir contigo durante 35 años.
Ahora quiero darte las
gracias en nombre de todas las hermanas, empezando por la madre Marta Lidia,
que con tanto cariño te ha cuidado en estos largos años de enfermedad.
Gracias de parte del
ramillete de jóvenes que forma esta comunidad y de quienes has recibido muchas
atenciones y cariño.
Gracias de parte de todos
los monasterios de la Federación de Cartagena-Murcia a la que serviste como
Presidenta durante 12 años
Gracias de parte de toda
tu familia por tus oraciones constantes, pidiendo al Señor por todos y cada uno
de ellos.
Gracias de parte de los
habitantes de Villarrobledo que se han beneficiado de tu presencia, consejos y
ejemplo. Gracias de parte de toda la Iglesia por tu entrega.
Nosotras ahora recogemos
tu testigo para seguir adelante con fidelidad sirviendo al Señor en este
monasterio que custodia el prodigio de la Santísima Virgen de la Teja, nuestra
Madre y Reina.
Madre Mª Luisa, muchas
veces te hemos dicho: “NO NOS DEJES”, cuando aún estabas con nosotras; sabemos
que ahora, desde el cielo, nunca nos vas a dejar.
Por todo lo que nos has
dado ¡GRACIAS! ¡INFINITAS GRACIAS, MADRE Mª LUISA!
Sor Yolanda de los Ángeles,
hermana clarisa de Villarrobledo
“Al despertar, me saciaré de tu semblante”
(Salmo 16, 15)
Creo que Cristo vive
y que al final podré
resucitar
Llevo esta esperanza,
junto al Señor podré
resucitar.
Veré al señor, mis
propios ojos lo verán
Contemplaré la nueva
patria celestial
En paz, en paz
descansarás,
En paz, en paz
descansarás.
Nuestro adiós, recibe
nuestro adiós
En paz, en paz
descansarás
En paz, en paz
descansarás.
CARTA DE LA FAMILIA
Queridas hermanas
Clarisas:
Con el corazón lleno de gratitud y emoción nos dirigimos a vosotras en este momento de dolor sereno y esperanzado. Gracias, de todo corazón, por el amor, el cuidado y la ternura con los que habéis acompañado a nuestra querida tía durante todo este tiempo, y muy especialmente en sus últimos días. Sabemos que ha estado rodeada de mimo, de oración y de una presencia fraterna que ha sido para ella un verdadero regalo.
Nuestra tía fue una mujer
profundamente buena, entregada y humilde.
Nos consuela saber que
partió acompañada por vosotras, sus hermanas, envuelta en ese clima de paz, fe
y cariño que tan generosamente le ofrecisteis.
Pedimos al Señor que os
recompense todo lo que habéis hecho por ella, y que la certeza de la Vida
eterna os sostenga y os llene de consuelo. Nosotros la encomendamos a Dios con
la seguridad de que ya descansa en Sus brazos y que desde el cielo seguirá intercediendo
por todas vosotras.
SU SOBRINO PACO TOMÁS,
SACERDOTE, ESCRIBE:
Te pido una oración
especial por mi tía, de 90 años, monja clarisa (a punto de haber cumplido sus
69 años de vida religiosa dentro de 4 semanas), hermana mayor de mi madre.
La madre Mª Luisa con su sobrino
Paco Tomás, sacerdote
Araceli, (=altar del
cielo), nombre de pila; sor María Luisa de la Cruz, de religión. Ha
partido al encuentro definitivo con el Esposo del alma esta tarde a las 19:15.
Aquí en la parroquia me dio tiempo a pasarle un papelito al compañero que
celebraba Misa para que ya la ofreciera por ella. Yo le había administrado la
Unción de enfermos el lunes pasado.
Ella fue un puntal en mis
inicios vocacionales y un continuo sostén, (junto con toda su comunidad), para
mi ministerio y el de tantos sacerdotes.
Elegida muchas veces
Madre Abadesa, (lo fue 24 años), de su monasterio: cada elección, ese día se
pedía siempre limpiar todos los servicios del convento. Elegida también varias
veces como Madre Presidenta (12 años en el cargo) de la Federación, es decir,
los 17 conventos de clarisas del sur-este de España. Siempre con un palabra de
ánimo y sabiduría para todos. “Era una verdadera monja, porque antes es una
mujer auténtica”, decían de ella.
Una enamorada del Señor, como S. Francisco y Sta. Clara, sus santos fundadores a quienes amaba con toda su alma e imitaba, y con los que tuvo relación más vital todavía desde que vivía también el Ideal del Unidad, (de Chiara Lubich), perfectamente integrado con su vocación contemplativa-clarisa de clausura y la ayudaba a servir y amar más a su comunidad: se respetaban y querían con locura.
La misma Chiara le dio
una Palabra para encarnar a lo largo de toda su vida: “si el grano de
trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto”
(Jn 12,24).
Sin dar un ruido, estos
últimos años ofreciendo todo por la Iglesia, como el Maestro ha completado
perfectamente su Palabra de Vida y ahora tendrá su pleno florecimiento después
de estos últimos años de enfermedad paciente y admirablemente vivida, cuidada
por todas las hermanas clarisas de su comunidad.
Su entierro será en su
amado convento de Villarrobledo a las 12:00 este próximo lunes, día 2, fiesta
precisamente de la Presentación en el templo, fiesta de la Candelaria (Cristo,
Luz de las naciones), y, por todo ello, Jornada de la Vida Consagrada.
Aquí puedes leer su
testimonio vocacional contado en 2015:
https://clarisas-villarrobledo.blogspot.com/2015/03/yo-monja-ni-hablar.html
Continuando con la partida hacia la casa del Padre
de mi tía, hoy por la mañana pedí a las monjas que le
pusieran el teléfono al oído, (aunque ya desde hace meses, apenas dice nada),
para hablarle del cielo, (como así también hice el lunes cuando le di la
Unción).
Me acordaba de la visita que José Varas, otro
santito, hizo a su hermano Pedro en Toledo que estaba muy enfermo y cuando se
despedían y salía de su habitación, (fue la última vez que se vieron), Pedro le
dijo: “¿y te vas a ir sin hablarme del cielo?”. Y José, entre abrumado y
emocionado, volvió sobre sus pasos y lo primero que le inspiró el Espíritu
Santo fue un texto del Apocalipsis: “sus siervos le darán
culto. Y verán su rostro, y su nombre está sobre sus
frentes. Y ya no habrá más noche, y no tienen necesidad de luz
de lámpara ni de luz de sol, porque el Señor Dios los iluminará y reinarán por
los siglos de los siglos”.
Eso le dije yo también a mi tía susurrándole a
través del teléfono y, además, lo que mi madre repite a menudo: “ni el ojo vio,
ni el oído oyó, ni mente alguna puede pensar lo que Dios ha preparado para los
que lo aman”, (S. Pablo) y añadía ella: “¡qué será el Cielo!, ¡¡qué será el
Cielo!!”. A la vez le recordaba que la queremos mucho y le iba mencionando cada
uno de la familia. Y que sabemos que ella nos quiere muchísimo a todos y cada
uno y valoramos lo mucho que ha orado y se ha sacrificado por nosotros y por
toda la Iglesia y toda la humanidad.
En el momento de fallecer, también me llamaron las monjas mientras le recitaban la recomendación del alma, y luego le pusieron el teléfono al oído, (¡es lo último que se pierde!) y le recordé que Dios la ama con locura y estaba esperándola con los brazos abiertos, con toda su Luz y su Paz y que le dijera que sí a todo. Le volví a recordar esos y otros textos bíblicos. Que se vaya tranquila hacia el abrazo del Señor, que ha cumplido con creces su misión y su vocación. Y que la Virgen María estaba saliendo a su encuentro para llevarla de la mano protegida bajo su manto ante el Señor.




















































